Combatir la desinformación COVID-19: un pilar clave de la recuperación

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Este artículo forma parte de una serie en la que expertos de la OCDE y líderes de pensamiento de todo el mundo y sectores de la sociedad, abordan la crisis del coronavirus (COVID-19), debatiendo y desarrollando soluciones para el momento actual y el futuro. 

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En los últimos meses, una ola de desinformación vinculada a la pandemia del COVID-19 ha socavado las respuestas políticas para contener la propagación de la enfermedad y aumentado la desconfianza entre los ciudadanos. Los debates públicos se han visto empañados por teorías conspirativas sobre los orígenes del virus, remedios falsos e información sanitaria engañosa.

Las campañas de desinformación no son nada nuevo. La desintermediación de las fuentes de noticias provocada por la digitalización, la creciente polarización y la incertidumbre persistente de los últimos años ha proporcionado un terreno fértil para el uso malintencionado de la información. El contexto actual, que comenzó como una emergencia de salud pública y progresivamente se ha convertido en una crisis económica y social, no ha hecho más que exacerbar el poder viral y la omnipresencia de las fake news. Los riesgos se incrementan por la perspectiva real de que una vacuna contra el COVID-19, una vez desarrollada, pueda enfrentarse a un último obstáculo: la resistencia por una parte importante de la población a confiar y creer en ella, alimentada por la fuerza potente y preexistente del "movimiento antivacunas". Como destaca Heidi Larson, antropóloga y directora del Vaccine Confidence Project, algunos sectores de la sociedad perciben erróneamente las vacunas como una "elección del consumidor". Sin embargo, contener la propagación del COVID-19 requiere tanto un sentido de responsabilidad individual como de conciencia colectiva.

Así como la pandemia ha puesto de manifiesto hasta qué punto nuestras sociedades dependen de los servicios prestados por los trabajadores de la salud de primera línea, la "infodemia" (como la ha definido la Organización Mundial de la Salud) ha puesto en evidencia la importancia de los "trabajadores de la información de primera línea".

En un clima de desconfianza donde también hay brechas de conocimiento, puede ser difícil distinguir entre un análisis sólido basado en la evidencia y afirmaciones infundadas que intentan confundir. De hecho, la información oportuna, fiable y transparente se ha convertido en un recurso esencial para empoderar a los ciudadanos en medio de la pandemia.

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La formulación de políticas basada en la evidencia forma parte del tejido genético de la OCDE.  Nuestra prioridad es asegurarnos de que las respuestas a la crisis se basen en datos fiables, una condición necesaria para lograr nuestra misión “mejores políticas para una vida mejor”.

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¿Cómo podemos dar sentido a la complejidad en un mundo en el que las emociones humanas, los intereses divergentes y los valores contrapuestos coexisten y se entremezclan con la evidencia?

En la OCDE somos plenamente conscientes de que las políticas eficaces y sostenibles son el resultado directo de un proceso de "ingeniería colectiva". Al reunir a diversos responsables de la formulación de políticas, ayudamos a los países a comparar experiencias y analizar mejores prácticas. Posteriormente, utilizamos esta información para proveer asesoramiento y elaborar recomendaciones sobre medidas políticas. Este ejercicio de intercambio de información es esencial para generar un “sentido de apropiación” en torno a la evidencia y asegurar que, en última instancia, esta sirva para informar las decisiones que mejoran el bienestar de las personas.

Sin embargo, al sembrar desconfianza y poner en duda la fiabilidad de los datos, las prácticas de desinformación dificultan la capacidad de los responsables de formular políticas para adoptar decisiones adecuadas y fundamentadas.

En 2016, cuando las fake news se convirtieron en un fenómeno cada vez más preocupante, decidimos analizar más detenidamente los vínculos entre la provisión de evidencia y la desinformación.

El Foro de la OCDE fue clave para explorar esta cuestión a través de un enfoque guiado por nuestras múltiples partes interesadas. Organizamos un taller interactivo titulado “Guía de supervivencia en el mundo de la pos verdad” (en inglés, A Survivors’ Guide to a Post-Truth World). Reunimos a sociólogos, periodistas, miembros de distintos gobiernos…para identificar los desafíos planteados por nuevas modalidades y comportamientos en el consumo de información. Reflexionamos sobre cómo las plataformas digitales estaban transformando drásticamente la creación de contenido. También debatimos sobre las “cámaras de eco” que amplifican nuestros puntos de vista y reafirman la versión de la verdad que escogemos. ¿Cómo podemos ser más resilientes ante estas realidades? Tenemos que reconocer las diferentes experiencias de vida y necesidades de los ciudadanos. Además de elevar la relación entre los responsables de la formulación de políticas y los ciudadanos a un proceso de colaboración basado en la asociación y la creación conjunta de valor.

Foro OCDE 2017, taller interactivo “A Survivor's Guide to A Post-Truth World”

Desde entonces, el Foro ha acogido más de 20 sesiones diferentes en las que se ha explorado cómo revitalizar la democracia y repensar el suministro de evidencia en un mundo vulnerable a las noticias fabricadas. También nos hemos embarcado en ejercicios de escucha activa, contribuyendo a debates internacionales sobre cómo construir entornos de información saludables.

Presentación en el evento Talking About Twitter #TAT, 6° edición (Junio 2018)

La "infodemia" del COVID-19

La crisis del COVID-19 ha generado una demanda sin precedentes de "conocimientos técnicos".  En marzo, la OCDE lanzó una plataforma digital multilingüe que proporciona información oportuna y exhaustiva sobre políticas específicas para hacer frente a los efectos de la pandemia y mejorar la preparación de los países para la recuperación. Como parte de nuestra respuesta, también estamos invirtiendo esfuerzos en la sensibilización del público frente a la desinformación durante la crisis del coronavirus. Hemos dado un paso adelante al desarrollar un análisis multidimensional del fenómeno, enfocándonos en las áreas de gobernanza, educación y digitalización.

Como parte de este proceso, publicamos dos nuevos informes que examinan la importancia de la comunicación pública y el rol de las plataformas digitales para hacer frente a la desinformación. Nuestro informe “Transparencia, comunicación y confianza: el papel de la comunicación pública en la respuesta a la ola de desinformación vinculada al nuevo coronavirus”(disponible en inglés), aboga por un enfoque coordinado entre las múltiples partes interesadas en la lucha contra la desinformación, con un claro liderazgo público y una estrategia de comunicación transparente por parte de las instituciones públicas. Al comunicar de manera oportuna, fortalecer la participación de los ciudadanos y basar sus decisiones en datos y evidencia, los gobiernos pueden ayudar a mitigar los efectos de la desinformación.

El segundo informe, “Combatir la desinformación vinculada con el COVID-19 en las plataformas en línea” (disponible en inglés), se centra en el rol de las plataformas en línea, tanto como vectores de desinformación como actores que pueden ayudar a contener la circulación de noticias falsas. El informe recomienda cuatro acciones clave que las empresas de tecnología, los gobiernos, las plataformas en línea, las organizaciones de salud pública y otras partes interesadas pueden llevar a cabo para contrarrestar la desinformación vinculada al COVID-19.

Nuestro análisis no estaría completo sin hablar de la educación, el mejor antídoto contra la desinformación en la actualidad. No podemos dar por sentado que los jóvenes saben navegar perfectamente en la red simplemente por ser “nativos digitales.” Para que las noticias falsas sean cosa del pasado, necesitamos empoderar a las generaciones futuras a través de la alfabetización mediática y las competencias digitales.

Esto nos lleva al tercer pilar de nuestro análisis: en el artículo “Navegar la ambigüedad durante el coronavirus: recomendaciones para afrontar la infodemia” (disponible en inglés) escrito por Andreas Schleicher, Director de Educación y Competencias de la OCDE, y Juliane von Reppert-Bismarck, fundadora y CEO de Lie Detectors; los autores destacan que necesitamos recalibrar nuestros sistemas educativos, utilizando el pensamiento crítico como una "brújula" necesaria para navegar y prosperar en ambos mundos, el online y el offline

Foro OCDE 2019, “Talk Together - Tackling Fake News Face to Face: Possibilities for Solutions”

La "infodemia" del COVID-19 ha evidenciado nuestra vulnerabilidad ante la desinformación y ha puesto de relieve la necesidad de desarrollar soluciones más sistemáticas y a largo plazo. A medida que la carrera mundial para encontrar una vacuna contra el COVID-19 continúa, existe una preocupación creciente de que el movimiento anti vacunas aproveche la desconfianza de la gente para desacreditar la inocuidad o la eficacia de una posible cura. Como dijo el poeta estadounidense Robert Lowell, podríamos descubrir que la luz al final del túnel es en realidad el faro de un tren que se aproxima. Los comunicadores de la salud tendrán un rol esencial para reducir la falta de confianza en la vacuna. Si logran difundir la creencia infundada que la vacuna contra el COVID-19 es una amenaza en lugar de una solución que puede salvar vidas, es posible que nos enfrentemos a otro problema de salud grave.

Aunque no podemos “vacunarnos” contra las prácticas de desinformación de forma permanente, podemos desarrollar inmunidad con el tiempo. En primer lugar, debemos reconocer la incertidumbre que nos rodea, como un signo de humildad. Luego, debemos enfocarnos en desarrollar resiliencia a través de la educación e impulsar la confianza en el Estado a través de la acción coordinada y la transparencia.  Por último, las alianzas estratégicas y coordinadas serán una pieza clave si queremos combatir la desinformación. Un interesante ejemplo es la campaña lanzada por la UNESCO, la Comisión Europea y Twitter llamada #PiensaAntesDeCompartir (en inglés, #ThinkBeforeSharing), esta campaña crea conciencia sobre los daños que pueden provocar las teorías de la conspiración y  enfatiza la importancia de contrastar información antes de difundirla.

En su calidad de "trabajador de información de primera línea", la OCDE seguirá contribuyendo a este esfuerzo, tendiendo puentes entre la evidencia, las narrativas que se enfocan en las personas y la formulación de políticas de confianza.

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